
"Manejando mi carro por la carretera..." Con esta frase inicia una divertida canción de La Sonora Ponceña, que hace gala de esa alegre y placentera actividad, como es la de conducir; y, así lo he vivido personalmente desde el primer momento en que tuve posibilidad de guiar un vehículo.
En esta sociedad en la que es cada vez es más frecuente que las mujeres demostremos nuestras capacidades en situaciones relacionadas con el manejo de las empresas,procesos y actividades; desde las más básicas hasta las más complejas; y todo esto, sin abandonar nuestras responsabilidades familiares, o nuestra vocación natural por el amor y la ternura; parece increíble que se nos siga desautorizando en asuntos tan sencillos y tan mecánicos como el simple hecho de manejar un carro, el cual no es más que una herramienta, tan útil como el computador, el celular o la cafetera.
Declaro inaceptable que ante un incidente de tránsito simple o grave en el que se involucre una mujer, automáticamente se le tilde de "culpable, por bruta" y que los conductores que pasan deban gritarle que "aprenda a manejar"; en estos casos, aún para el agente de tránsito, la mujer es culpable hasta que demuestre lo contrario.
Reclamo en nombre de todas las mujeres, pero especialmente de las Colombianas, el respeto que merecemos por nuestros logros, por las que se levantan muy temprano a asegurarse que los niños vayan seguros al colegio, por las que lideran procesos productivos, financieros o de servicios, por las que trasnochamos estudiando mientras la familia duerme y la lavadora se agita desesperada, o simplemente por las que encontramos en el hecho de conducir un placer que no tiene porque estar reservado reservado exclusivamente a los hombres.
Esto, lejos de ser un discurso de "feminista" que pudiera tildarse de mamerto a estas alturas del siglo,(mmmmhhh?) de un siglo!;(como dirían nuestros amigos de Les Luthiers), no es más que un llamado al sentido común. Acudo a los hombres inteligentes que hacen gala de su lado femenino para que nos ayuden a sensibilizar a sus congéneres de la inexistencia de una relación excluyente entre el volante y la masculinidad.
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